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viernes, 2 de enero de 2015

Los tres ancianos







Una mujer que salía de su casa vio a tres ancianos de barbas blancas sentados en el jardín de su casa.

“No sé quienes son ustedes, pero deben tener hambre. Por favor, pasen que les daré algo de comer”

“¿Está el hombre de la casa?”, preguntó uno de ellos.

“No, no está”


lunes, 8 de diciembre de 2014

Diógenes y el calvo









El filósofo cínico Diógenes, insultado por un hombre calvo, le replicó:
—No he de ser yo quien recurra también al insulto, ¡Dios me libre de ello! Al contrario, haré el elogio de los cabellos que han abandonado un cráneo malvado y hueco.

Leído en el Libro de la Imaginación, reflexión original de Esopo.

jueves, 6 de noviembre de 2014

un buen pediatra










Con un bebe de pocos meses en sus brazos, una mujer muy asustada llegó al consultorio de su ginecólogo:
—Doctor, por favor, ayúdeme, tengo un problema muy serio. Mi bebe todavía no tiene un año y ya estoy embarazada de nuevo. No quiero tener hijos en tan poco tiempo, prefiero esperar más entre uno y otro…
El médico le preguntó: —¿Qué quiere que haga? —Deseo interrumpir mi embarazo y quiero que me ayude, respondió la mujer.
El médico se quedó pensando un poco y después de algún tiempo le dijo: —Creo que tengo un método mejor para solucionar su problema y además, es menos peligroso para usted.
La mujer sonrió, un poco más tranquila, al ver que el médico iba a ayudarla.
—Mire señora, para que usted no tenga que estar cuidando a dos bebes al mismo tiempo, vamos a matar a este niño que está en sus brazos. Así usted tendrá unos meses de descanso hasta que el otro niño nazca. Porque si vamos a matar a un niño, no hay diferencia entre matar a este, o al otro. Y hasta resultará más fácil matar a este que usted tiene en sus brazos, ya que así usted no correrá ningún riesgo.
La mujer se asustó y dijo: —¡No, doctor! ¡Que horror! ¡Matar a un niño es un crimen!
—Yo también pienso lo mismo, señora, pero me pareció verla tan convencida de hacerlo, que por un momento pensé en ayudarla.
«El médico sonrió y después de algunas consideraciones, vio que su lección surtía efecto y que la mujer había comprendido que no hay diferencia entre matar un niño que ya nació y matar a uno que aunque todavía no ha nacido, está vivo en el seno materno»

miércoles, 29 de octubre de 2014

el fantasma












Esta es la historia de un joven que no podía dormir casi nunca puesto que un fantasma espectral le aparecía en sueños y le angustiaba revelándole todos los secretos más íntimos que él albergaba, demostrándole así que lo sabía todo acerca de él.

El joven estaba desesperado, hasta el punto que llegó a detestar el momento de acostarse pese al cansancio acumulado. Había visitado doctores y psicólogos, había confesado su problema a amigos, lo había intentado todo, pero sin resultados: el espectro seguía presentándose cada noche y le recordaba todos los rincones más íntimos y dolorosos.

Ya al borde de un colapso nervioso, decidió pedir auxilio de un célebre maestro zen que practicaba en la misma provincia. Fue a ver al maestro que le recibió amistosa mente. Tras haberle explicado el dilema, el joven añadió: " Ese fantasma lo sabe todo, absolutamente todo acerca de mí, ¡ incluso conoce mis pensamientos ! No puedo sustraerme a su dominio ". El maestro pensó que la solución no estaba fuera del alcance del chico y le sugirió que hiciera un trato con el fantasma. " Esta noche, antes de acostarte -le dijo- coge un puñado de lentejas al azar y no las sueltes. Luego acuéstate y espera. Cuando el espectro se presente proponle un trato. Dile que si adivina cuántas lentejas tienes en la mano será para siempre tu dueño y que si no lo adivina deberá desaparecer para siempre. Vamos a ver que pasa ".

El chico procedió del modo que le aconsejo el maestro. Poco después de acostarse el fantasma apareció y le dijo: " Sé que intentas librarte de mí. También sé que te has ido a ver aquel bobo del monje zen para que te ayude a echarme, pero tus esfuerzos no te servirán para nada "." Bueno -respondió el joven- ya sabía que me habrías descubierto, así como supongo que indudablemente sabrás cuantas lentejas tengo en el puño ". El fantasma desapareció para no volver nunca jamás. Lo que no sabía el chico no lo podía saber su fantasma.

miércoles, 15 de octubre de 2014

La ventana del hospital






Dos hombres, los dos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba.
Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, dónde habían estado de vacaciones.
Y todas las tardes, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosa que podía ver desde la ventana. El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior.
La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad.
Según el hombre de la ventana describía todo esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.
Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.
Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía. Se llenó de pesar y llamó a los ayudantes del hospital, para llevarse el cuerpo.
Tan pronto como lo consideró apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambió encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación.
Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo él mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama… y se encontró con una pared blanca.
El hombre preguntó confundido a la enfermera qué podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana. La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y le indicó: “Quizás sólo quería animarle a usted”.

miércoles, 8 de octubre de 2014

la historia de un carpintero







Había una vez un viejo carpintero que, cansado ya de tanto trabajar, estaba listo para acogerse al retiro y dedicarle tiempo a su familia.

Así se lo comunicó a su jefe, y aunque iba a extrañar su salario, necesitaba retirarse y estar con su familia; de alguna forma sobrevivirían.

Al contratista le entristeció mucho la noticia de que su mejor carpintero se retiraría y le pidió de favor que si le podía construir una casa más antes de retirarse.

El carpintero aceptó la proposición del jefe y empezó la construcción de su última casa pero, a medida que pasa el tiempo, se dio cuenta de que su corazón no estaba de lleno en el trabajo.

Arrepentido de haberle dicho que sí a su jefe, el carpintero no puso el esfuerzo y la dedicación que siempre ponía cuando construía una casa y la construyó con materiales de calidad inferior.

Esa era, según él, una manera muy desafortunada de terminar una excelente carrera, la cual le había dedicado la mayor parte de su vida.

Cuando el carpintero terminó su trabajo el contratista vino a inspeccionar la casa.

Al terminar la inspección le dio la llave de la casa al carpintero y le dijo: "Esta es tu casa, mi regalo para tí y tu familia por tanto años de buen servicio".

El carpintero sintió que el mundo se le iba...

Grande fue la vergüenza que sintió al recibir la llave de la casa, su casa. Si tan sólo el hubiese sabido que estaba construyendo su propia casa, lo hubiese hecho todo de una manera diferente.

Así también pasa con nosotros. A diario construimos relaciones en nuestras vidas, y en muchas ocasiones ponemos el menor esfuerzo posible para hacer que esa relación progrese.

Entonces, con el tiempo es que nos damos cuenta de la necesidad que tenemos de esa relación.

Si lo pudiésemos hacer de nuevo, lo haríamos totalmente diferente. Pero no podemos regresar.

Tú eres el carpintero. Cada día martillas un clavo, pones una puerta, o eriges una pared.

Alguien una vez dijo: "La vida es un proyecto que haces tu mismo. Tus actitudes y las selecciones que haces hoy construyen la casa en la cual vivirás mañana". ¡Construye sabiamente!


sábado, 4 de octubre de 2014

Escepticismo médico



Se cuenta que en el año 1780 el Rey Federico II “el Grande” de Prusia, era un gran escéptico respecto a los avances de la medicina y que, en una ocasión, preguntó a su médico personal el Dr. Johann Georg Zimmermann:

-Decidme, sinceramente, doctor ¿de cuántos pacientes lleva su muerte en la conciencia?

A lo que el galeno respondió:

-De unos trescientos mil menos que Vos, Majestad.


Pensamientos libres (se me ha ido la memoria...)






Me miro al espejo, me noto y sé que aún vivo, que no estoy entre los muertos; parece mentira que sea el mismo aquel que tú conociste… Además me estoy volviendo olvidadizo, y también más confundido.

Pues, a veces, no puedo recordar, cuando estoy al pié de la escalera, si tengo que subir a por algo, o si acabo de bajar. Y en ocasiones, frente a la nevera,
mi pobre mente se llena de dudas,¿acabo de guardar alguna comida, o
vine para sacar algo?

Y otras veces, cuando afuera está todo oscuro y tengo mi gorro de dormir en la cabeza, no estoy seguro si me estoy por retirar, o si me acabo de levantar.

De modo que, si te hablo y te repito las cosas que te he repetido otras veces,
no hay necesidad de que te molestes, puede ser que crea que ya te he contado esto antes también, y que no quiera aburrirte repitiendo.

Pero recuerda que te quiero, y que desearía que estuvieras siempre aquí conmigo; aunque sé que tienes tu vida en otro lugar para vivirla;
pero ahora, ya es hora de irme a dormir de modo que te digo, “Adiós querida”.

Y allí estaba yo frente al espejo, con la cara muy colorada, pues en vez de decirte lo que quería lo había acabado de poner en el congelador.

Me estoy acostumbrando a mi artritis, Con mis muelas postizas me resigno, es Luisitito quien me recuerda ahora las pastillas, Y puedo manejarme con mis bifocales, pero Señor, ¡cuanto extraño mi mente!